Hace poco tomé conocimiento de la intervención en el espacio de la plaza Cristóbal Colón de esta ciudad.
Las obras en espacios públicos santafesinos reflejan la tensión entre desarrollo urbano y conservación del patrimonio, demandando una gestión más inclusiva.

Hace poco tomé conocimiento de la intervención en el espacio de la plaza Cristóbal Colón de esta ciudad.
La pregunta del título viene a cuento porque hace trece años casi exactos elevé, en mi carácter de presidente del Distrito 1 del Colegio de Arquitectos, una nota al entonces intendente José Corral y al presidente del Concejo deliberante, Leonardo Simoniello, advirtiendo sobre el procedimiento y el eventual impacto que la construcción de estacionamientos subterráneos bajo la plaza Alberdi podían generar.
La nota fue entregada el 12 de marzo de 2013. Sin entrar a valorar el proyecto, advierte sobre los tiempos y el modo en que se llevó adelante el proceso, por lo que resulta pertinente hoy, al punto que entiendo oportuno transcribirla casi por completo:
"Este colegio acompaña el espíritu de una norma de participación que genere sinergia entre actores con el fin de potenciar la transformación, calificación y adecuación a las realidades de cada momento histórico del espacio urbano ya que constituye tanto la manifestación de la propia dinámica urbana a la vez que el registro de los modos de vida de una época, construyendo capa sobre capa el sedimento cultural de una ciudad y sus habitantes, pero en la convicción de que la acción sobre el patrimonio recibido, y que se habrá de legar, deberá apuntar a la puesta en valor o a su enriquecimiento como forma de crecimiento del capital urbano"
"La municipalidad ha reivindicado la publicidad de los actos administrativos, la participación ciudadana, las consultas institucionales como el camino hacia el enriquecimiento de la vida política y social de Santa Fe. Entendiendo que este proyecto involucra un bien de gran valor, y por ende, altamente sensible para la ciudadanía y reconociendo el valor de la práctica participativa promovida por esta gestión municipal, es que solicitamos se tomen los tiempos necesarios antes de avanzar en su licitación para la difusión de los mecanismos de resguardo que seguramente se habrán tomado, como la evaluación del impacto ambiental, patrimonial y urbano, los valores del proyecto etc., con el fin de que la comunidad pueda conocer, valorar y eventualmente expresarse sobre el aporte y las consecuencias dela presente propuesta".
Trece años después me encuentro con una nueva intervención y la misma historia en el mismo sector, un espacio urbano calificado como patrimonial; sector urbano que vale la pena describir.
Está articulando tres plazas, la plazoleta Blandengues que ya hace tiempo perdió el estanque "de los sapitos" de iguales características al estanque de la plaza Colón, afortunadamente conserva la cúpula arbórea que sostiene su valor; el parque Alberdi intervenido y que fuera motivo de la nota citada, intervención que hoy podemos justipreciar y como remate la plaza Colón.
Todas provocan un encadenamiento visual de los tres espacios generando una singular y valiosa diagonal en el tejido -o generaron, porque la elevación del parque Alberdi interrumpió esa continuidad-, con la que todo el sistema remata visualmente en el edificio del palomar, constituyendo el conjunto una unidad arquitectónica y una continuidad urbana.
No voy a dar opinión sobre una obra que muy someramente puedo visualizar, la finalidad de esta carta es llamar la atención sobre la persistencia de modalidades de intervención en sectores sensibles que han generado en el pasado conflicto a la vez que resultados de diversa suerte.
El problema es que en estas acciones se juegan identidades y valores colectivos que merecerían mejor consideración. Hoy con las formas de gobierno de cercanía, hay muchos ejemplos en el mundo de modos de intervención consensuadas socialmente.
Para cerrar, una reflexión sobre el mecanismo que los medios describen como aquel que dio origen o posibilitó este proyecto, una obra que incumplió con parámetros reglamentarios -entiendo que disposiciones en relación a las alturas-, en "compensación" llevará adelante la obra (desconozco la autoría del proyecto, si de la propia municipalidad o el actor privado).
No entiendo, y quisiera se me ilumine al respecto, la aplicación del concepto de "compensación".
Cuando se incumple una normativa que aparentemente altera coeficientes de volumen total construido, que la compensación sea una intervención en un espacio abierto ya existente no parece compensar, cuando Santa Fe, por ejemplo, acarrea un déficit significativo de áreas verdes urbanas en relación a superficie construida, si se aplica el criterio de la compensación parecería necesitar otra lógica.
Concluyo, frente al permanente riesgo de daño irreparable o deterioro progresivo del patrimonio colectivo, creo necesario llamar la atención sobre las formas de actuación de gestiones de gobierno que deberían sedimentar aprendizajes procurando mejorar la comunicación, la calidad democrática y con ello el ejercicio de la gestión.




