Por Antonio Camacho Gómez
Coronavirus. Asusta su propagación, asusta el contagio y asusta, para los que tenemos responsabilidad y raciocinio, la estupidez de gobernantes que no tomaron oportunamente las medidas correspondientes.

Por Antonio Camacho Gómez
De pandemias y endemias, las primeras son una extensión de las segundas a varios países, la historia da cuenta, desafortunadamente, en múltiples ocasiones. Siglos antes de Cristo, el Imperio Romano fue una remota víctima. Y si nos adentramos en la Edad Media, la “peste negra” acabó con la vida de millones de personas. Sin olvidar la mal llamada “gripe española”, tras la Primera Guerra Mundial, pues quienes contagiaron fueron los soldados norteamericanos que desde Kansas viajaron a Europa. España no intervino en ese conflicto bélico. Podemos citar, también, el ébola que se cobró más de un millón de vidas en África y, de paso, la denominada “peste roja” que trunchó la existencia de artistas variados. O sea, que en unos casos y en otros murieron más seres humanos que en todas las guerras planetarias. Y ahora el orbe se espanta, sin que lo económico deje de estar presente, con el Covid-19, cuyo código genético ¡vaya paradoja! se conoce, mientras se busca, desesperadamente, una vacuna. ¿Es por el número de fallecimientos? No lo creo. Perece más gente en tiempos “normales” por tuberculosis, hambre, disentería, neumonías y cánceres cualesquiera. Asusta su propagación, asusta el contagio y asusta, para los que tenemos responsabilidad y raciocinio, la estupidez de gobernantes que no tomaron oportunamente las medidas correspondientes. Sin obviar que las autoridades chinas ocultaron a la Organización Mundial de la Salud, nada menos que durante tres meses, el coronavirus surgido en Wuhan. Fusilaron a los médicos que lo denunciaron. Pero, claro, hasta que no tuvieron en las narices el fenómeno no dispusieron la emergencia indispensable. Desde Trump a Bolsonaro fueron unos irresponsables de primera. El segundo lo sigue siendo.
A esta altura del comentario no conviene caer en lo archisabido: la problemática en Italia, España, Francia, Reino Unido y, sobre todo, los Estados Unidos como centro actual de la pandemia; en las poblaciones que lo tomaron a la ligera, y en el valor de todo el personal sanitario. Pero sí formular algunas interrogantes. ¿Ayudan de alguna forma los países ricos a los subdesarrollados o estudian auxiliarse entre ellos, cual sucede en la Unión Europea? ¿Están libres del virus Corea del Norte, Cuba o Nicaragua? ¿Cómo responden las autoridades al hacinamiento en las chabolas hispanas y en las miserables casillas de chapas viejas y cartones argentinas, donde conviven padres, abuelos, madres, niños y perros? Sólo por citar un ejemplo iberoamericano. ¿El espanto nos une? Ni descuido ni histeria.
Un poema del que suscribe reza: “¡Ay, hombre!, vas hacia Josafat y en tu vena late la musaraña”. Complejo, como la vacuna contra el coronavirus. Pero se conseguirá. ¿Cuándo? “He aquí la cuestión”, diría el Hamlet de Shakespeare.




