Doblé por una callecita lateral en Praga, para llegar hasta la puerta del Hotel París. Caminando a la deriva por la ciudad lo ubiqué, una hora más tarde volví sobre el camino recorrido para que la localización de mi teléfono celular, casi minusválido en estos tiempos, le dijese al señor Uber donde estaba, para que me viniese a buscar. Hacía horas que caminaba por la ciudad donde no se entiende el idioma pero los gestos dicen que las cosas van y van… por un camino que se conoce. Tiene seguridades en el porvenir después de intensos pasados esta ciudad. Dan ganas de llevarse ese ejemplo de solidez popular.



































