“Venerar los restos mortales de lo que fue una persona amada es equivalente a adorar su ropa usada, olvidada en un cajón del ropero. Lo mismo que llevarle flores los domingos o levantar un mausoleo en su nombre, habla más del deseo de impedir el avance impiadoso del olvido (fragilidad humana) que de resaltar su marca en nuestras vidas”.



































