Gordita, con lentes culo de botella, enrulada, iba y venía incansablemente por la escuela con su guardapolvos. Era mi señorita Raquel Gonella. Me acompañó de cuarto a séptimo grado de primaria pero generamos un vínculo que nos une hasta el día de hoy (¡Y ya han pasado cuatro décadas!). Fui su alumno y, por las vueltas de la vida, su colega también. Estuve en manos de muy buenos educadores desde la primaria hasta la universidad. No obstante, hoy me quiero detener en su figura. Nos conocimos en las aulas salesianas de Santa Fe donde el carisma de Don Bosco sostiene que: "Educar es cosa del corazón". Y ella, fiel a esta convocatoria, me abrió de par en par las puertas del suyo.

































