Durante 2025, preocupado por la caída significativa de los porcentajes de niños argentinos vacunados, el médico pediatra Raúl Bianco recorrió los medios de comunicación tradicionales para difundir que las vacunas son seguras y salvan vidas.
Un pediatra se asoma a los foros y redes sociales donde circulan los argumentos contra la inmunización. Allí descubre un mundo de miedos y certezas infundadas que se propagan con la misma velocidad que un virus.

Durante 2025, preocupado por la caída significativa de los porcentajes de niños argentinos vacunados, el médico pediatra Raúl Bianco recorrió los medios de comunicación tradicionales para difundir que las vacunas son seguras y salvan vidas.
Sin embargo, hacia fin de año, él fue sorprendido por una reunión realizada en el Congreso de la Nación con el objetivo de dinamitar una de las pocas políticas de Estado que la Argentina ha sostenido durante décadas: el Programa Nacional de Inmunizaciones.
El 27 de noviembre, sentado frente al televisor, Bianco murmuraba una puteada interminable mientras en la pantalla LED de 55 pulgadas desfilaban imágenes del recinto parlamentario. La reunión, organizada por la diputada Marilú Quiroz, llevaba un título inquietante: "¿Qué tienen las vacunas?".
En las primeras filas del auditorio se mezclaban militantes y referentes de grupos que cuestionan a la vacunación. La escena que terminó de alterar a Bianco ocurrió cuando Lorena Diblasis, licenciada en Biotecnología, presentó en vivo a un hombre al que -según afirmaba- se le adherían objetos metálicos al cuerpo como consecuencia de haber recibido dos dosis de la vacuna AstraZeneca contra la Covid-19.
Guadalupe, notó cómo el rostro de su marido enrojecía demasiado y corrió a buscarle un vaso de agua y las pastillas antihipertensivas. Mientras el presentador señalaba los elementos que después de algunos intentos fallidos terminaron pegados al torso desnudo del "señor imán", Diblasis acusó:
- ¡Esto no es grasa en la piel, señoras y señores! A él no le sucedía. Y de esto no se habla.
Teatral, la biotecnóloga finalizó desafiando:
- ¡Me gustaría saber qué tienen para decir los médicos!
En el mismo recinto, el médico Oscar Botta habló sobre "Vacunas de calendario y autismo"; la médica Viviana Lens, sobre "Víctimas ignoradas por el Estado: sangre de vacunados al microscopio". Durante casi seis horas, se sucedieron testimonios personales, relatos dramáticos y teorías conspirativas.
Lo que no apareció fue evidencia científica. No se presentaron estudios revisados por pares -investigaciones evaluadas críticamente por expertos independientes-, ni datos epidemiológicos confiables, ni metodologías que permitieran sostener las conclusiones. El Congreso se transformó en una caja de resonancia del oscurantismo.
El pediatra, que había visto desaparecer enfermedades que mataban o dejaban secuelas irreversibles, sintió que algo se quebraba. La vacunación infantil, gratuita y obligatoria, fue uno de los mayores logros sanitarios del siglo XX. Sin embargo, en pleno siglo XXI, surgían discursos que la presentaban como una amenaza.
Esa noche, incapaz de dormir, Bianco se propuso entender cómo esas ideas encontraban eco en una sociedad hiperconectada. Abrió la computadora, cebó un mate y se adentró en un territorio que le resultaba ajeno: los foros antivacunas en las redes sociales.
Desoyendo el consejo de la sensata Guadalupe, el viejo pediatra no se limitó a leer los mensajes; comenzó a contestarlos. Lo que sigue es una muestra:
Elena: Hay muchos niños con autismo y otras discapacidades. Está bien que la vacunación no sea obligatoria, y que el padre elija si quiere tener un hijo con discapacidades que se pueden evitar.
No está mal dudar de todo, pero luego hay que investigar. En 1998, el gastroenterólogo británico Andrew Wakefield publicó que la vacuna Triple viral había causado autismo a doce niños.
Desde entonces, muchos estudios comprobaron en miles de personas que esa aseveración era falsa. Además, el periodista Brian Speer demostró que Wakefield había cometido fraude, por lo que se le retiró la matrícula de médico.
Mirta: Las vacunas en recién nacidos sólo son el comienzo del multimillonario negocio de laboratorios, droguerías, farmacias y médicos.
Seguro que detrás de la investigación, elaboración y venta de vacunas, hay un negocio. ¿Es ese el problema? Acaso detrás de la venta de celulares no hay un gran negocio. Seguro que sí, pero usted lo usa porque le sirve para comunicarse o entretenerse. Las vacunas sirven.
Adolfo: ¿Por qué no explican los tóxicos que no están declarados en las vacunas?
Desde hace setenta años se usan vacunas que han sido muy efectivas y seguras. Algunas de ellas tienen cantidades mínimas de aluminio o timerosal (un mercurial que se elimina rápido del cuerpo). El aluminio es un adyuvante para producir más defensas y el timerosal sirve para que los frascos multidosis no se contaminen con hongos o bacterias.
Si emplea papel de aluminio para calentar una comida en el horno o toma una lata de gaseosa, consumirá mucho más aluminio que el que pudo recibir a través de una vacuna.
Si sus amigos lucen tatuajes de colores, se inyectaron en la piel: carbono, para el color negro; mercurio, para el rojo y cromo, para el verde. Como las cantidades de metales son pequeñas (aunque superiores a la vacuna), salvo alguna alergia, es poco probable que enfermen.
Abel: Ya no nos pueden engañar más, entendí que lo mejor es ayudar al cuerpo alimentándose correctamente y que no hay enfermedad que pueda contra una vida saludable.
¡Felicitaciones! Consumir alimentos saludables y realizar actividad física es importante para el cuerpo y la mente. Pero no son suficientes para evitar enfermedades infectocontagiosas.
La madrugada encontró a Bianco frente a la pantalla, decidido a entender por qué el oscurantismo encontraba eco en tiempos de wifi y algoritmos. Y dudó:
- ¿Se podrá modificar la opinión de los que llaman "venenos" a las vacunas?
(Continuará)




