Es sabido que en un año electoral, y 2023 lo es prácticamente de punta a punta, la actividad legislativa está en baja: diputados y senadores que se postulan a cargos provinciales o nacionales, equipos que están destinados al fragor de la campaña y turbulencias internas que derivan en un reacomodamiento partidario entre las bancas, terminan en una postergación de las sesiones ordinarias, más allá del trabajo que se desarrolle en comisiones.

































