- Mal, totalmente mal. Se notaba que le tenían miedo a las organizaciones criminales porque todas las subastas fueron casi totalmente en silencio. La gente no se enteraba; participaba muy poca gente. Y cuando pasan estas cosas, se da lugar a irregularidades. Se han subastado joyas, cuando los propios participantes del remate no pudieron ni tasarlas; entonces se remataban lotes cerrados y, obviamente, el primer postor ya se lo llevaba. No había puja de precios. De este modo, al no publicitarse, al no enterarse la ciudadanía de lo que se estaba subastando, al subastar inmuebles cruzados en diferentes ciudades sin que se exhiban porque se exhibían muy poco o directamente nada; al subastarse automóviles que no estaban en lugar el día de la subasta, se genera una falta de transparencia. Todo esto nos demuestra dos cosas. Primero, que le tenían miedo a las organizaciones criminales y no querían ir contra los bienes, que es lo más importante y lo que nos está pidiendo hoy el gobernador. Aquí hay que controlar las calles pero también atacar los bienes y el patrimonio de estas bandas. En el caso de la subasta que estamos preparando, va a ser millonaria. Eso también hay que mostrarlo a la sociedad como una señal. Entonces, tenían miedo; de hecho, ni los funcionarios salían públicamente a exponer estos procesos. En segundo lugar, no hubo cruzamiento de datos de las personas que se anotaban. En una de las subastas, compró un inmueble la hija de Esteban Alvarado; después se dio marcha atrás con el proceso, pero en ese momento, la persona participó, pujó y levantó la mano por ese inmueble. Eso es desidia y falta de control, porque de esto nos terminamos enterando a través de la fiscalía. Si las cosas no se transparentan, hablan de cierto oscurantismo.