Usted que lee, ¿escuchó alguna vez hablar de bacteriofagos? Es probable que en el corto plazo se familiarice con el término y su uso en terapias combinadas con antibióticos.
Un equipo de Conicet alojado en el Instituto de Lactología Industrial -en la FIQ- presentó avances de un abordaje combinado para tratar infecciones intrahospitalarias. Intercambio de saberes con España. El tabú como barrera y el marco regulatorio como desafío.

Usted que lee, ¿escuchó alguna vez hablar de bacteriofagos? Es probable que en el corto plazo se familiarice con el término y su uso en terapias combinadas con antibióticos.
Mientras tanto, es bueno saber que en Santa Fe un equipo científico logró neutralizar en pruebas de laboratorio una de las bacterias multirresistentes más temidas en ambientes hospitalarios: la Klebsiella pneumoniae, causante de neumonías y sepsis.
El equipo tiene base en el Instituto de Lactología Industrial (INLAIN, UNL-CONICET), en la Facultad de Ingeniería Química de la UNL y está compuesto por Mariángeles Briggiler, Diego Mercanti, Silvina Pujato y Fiorella Jacob, quien optó por esta línea de investigación para presentarse a una beca post doctoral del Conicet.
El estudio de los bacteriofagos no es nuevo en el Instituto (ni en el mundo), pero eran considerados como "un problema" cuando infectan bacterias , necesarias para elaborar yogures y quesos.
Desde hace alrededor de tres años, este grupo decidió cambiar la perspectiva y estudiar los fagos "para tratar bacterias que son un problema", explica Briggiler. "En este caso los virus se comportan como aliados", amplía.
Mercanti también tenía una trayectoria en fagos, desde el campo de las bacterias lácticas: "Hay fagos que atacan bacterias buenas y ahora queremos buscar fagos 'amigos' que atacan bacterias malas", resume.
Para avanzar en su teoría, Briggiler tuvo una instancia de formación con Pilar Domingo Calap, bióloga y viróloga española, con sede en la Universidad de Valencia. "Probé fagos que infectan a una especie bacteriana que es la Klebsiella pneumoniae, muy problemática por la multirresistencia a nivel mundial y también en nuestro país", sigue Briggiler.
"Luego observamos que cuando los fagos se combinan con antibióticos tienen un efecto sinérgico a nivel de laboratorio e inhiben completamente la bacteria". Dicho de otra manera, "cuando está el fago solo o el antibiótico solo no se logra ese mismo efecto, así que es un resultado interesante".
El avance fue presentado en el último Congreso de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).
En el mundo ya se utilizan fagos en el tratamiento de infecciones bacterianas en humanos y animales así como también en plantas.
También se pueden usar como biocontrol, "por ejemplo, en superficies que queremos sanitizar", suma Mercanti.
Pero el objetivo es desarrollar la fagoterapia para su aplicación en humanos. Aquí, un aspecto suma complejidad al proceso: el marco regulatorio no está contemplado en la Argentina y en países que lo tienen como una terapia experimental.
La conversación con El Litoral es presencial en el mismo instituto, y virtual con Silvina Pujato que se suma desde Valencia por videollamada y aporta un dato clave para comprender el origen de la investigación.
"En varios hospitales y sanatorios de Santa Fe, Buenos Aires y otros lugares se observó que después de la pandemia surgieron nuevas cepas de bacterias resistentes a los antibióticos, y para ello los fagos se podían usar de manera complementaria", expuso desde el mismo laboratorio donde antes experimentó Briggiler. Asimismo mencionó que "las cepas de Klebsiella pneumoniae tienen una 'envoltura' que evita que los antibióticos puedan ingresar. Estos fagos tienen enzimas depolimerasas que degradan esa envoltura".
Además de capacitación en la ciudad ibérica, se abre una posibilidad de generar inversiones para equipos que resulten necesarios para aplicar esta terapia en la Argentina.
A la hora de comparar las condiciones de trabajo de un lado y otro del océano, Pujato y el resto del equipo destacan que en la ciudad capital se armó un laboratorio con el apoyo de la FIQ, las convocatorias a proyectos del gobierno de la provincia y la Universidad Nacional del Litoral. A nivel nacional, más allá del aporte que hace el Conicet, "está más complicado", reconocen.
"Si es verdad que acá (en España) es más fácil acceder a insumos y equipamiento de otro laboratorio cercano, pero en Santa Fe tenemos mucho y el Instituto está equipado", describe Pujato.
Volviendo al principio, "los bacteriofagos son las entidades biológicas más abundantes del planeta y están en el agua, los efluentes, nuestro organismo. Aislarlos sería relativamente sencillo". Pero el siguiente paso es "caracterizarlos para asegurar que no generen un problema mayor donde se lo va a aplicar. Y hay que establecer protocolos de purificación para asegurar que la suspensión de fagos sea segura", amplía Briggiler.
Además, los bacteriofagos son específicos, es decir que se puede encontrar aquel que puede "matar" únicamente a la bacteria que se quiere eliminar. Esto los diferencia de los antibióticos porque el resto de la microbiota del organismo permanece intacta, explican los especialistas.
"El uso de bacteriofagos para tratar infecciones empezó desde antes de los antibióticos", aclara Mercanti para advertir que a partir de su irrupción "el mundo occidental prácticamente no lo consideró una terapia alternativa". Ahora, "con el agravamiento de la multirresistencia, se retoma el interés. Pero fueron países como Georgia, Polonia y Rusia los que comenzaron a trabajar con este tema".
Y aquí viene un dato que explica la urgencia por profundizar esa línea de investigación: "Se estima que para el año 2050 las infecciones por bacterias multirresistentes van a ser la primera causa de muerte, superando a las enfermedades cardiovasculares que ahora encabezan esa lista".
Por eso, el equipo considera necesario que esta terapia complementaria sea estudiada desde mucho antes.
No obstante y tal como se anticipó, una de las principales dificultades que encuentran en su avance es el marco regulatorio. Para ello la terapia tiene que ser aceptada por los Estados de manera que el tratamiento se amplíe más allá de pacientes que no tienen otra alternativa de tratamiento. "Es el uso compasivo para casos particulares en quienes los antibióticos no hacen efecto".
Para acercar el desarrollo a la comunidad y abrir el camino a su regulación, la difusión importa. Y para ello hay conceptos que aclarar: "No se piensa a la fagoterapia como reemplazo de los antibióticos sino como una terapia combinada".
Además, "el uso de bacteriofagos no tiene riesgos, no afecta la microbiota, es específico y no nos produce un problema mayor".
Por último, "ni los fagos ni los probióticos desplazan a los antibióticos, pero mejoran nuestra salud y calidad de vida".
¿Y si nos permitirnos ir un poco más allá? Mercanti plantea un escenario hipotético, pero posible, en el que se pueda contar con un banco de fagos para distintos tipos de bacterias que permita, además, un intercambio con otros lugares del país o del mundo a fin de llegar más rápido con la respuesta y disminuir costos.
Por ahora se avanza en la investigación y difusión, equipamiento y capacitación. Sin perder de vista que "la resistencia a los antibióticos es cada vez más veloz".
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