La decisión política de la Cámara de Diputados dejó sancionados dos mensajes del Poder Ejecutivo que lo habilitan a tomar deuda por unos 600 millones de dólares. Por un lado, quedó sancionada la llamada Ley de Necesidad Pública con una autorización de 39 mil millones de pesos y por otro el Fondo para el Coronavirus de 15 mil millones de pesos. “Es un desproporcionado endeudamiento” advirtió desde la banca el socialista Miguel Lifschitz quien bajó desde la presidencia para romper el silencio que se había autoimpuesto al terminar su mandato como gobernador.
En los hechos, la Cámara aceptó los dos textos votados el jueves pasado por el Senado. En un caso -coronavirus- por unanimidad; en el otro -Necesidad Pública- con escasos votos positivos y mayoría de abstenciones. “De no haber sido por esta pandemia, no hubiéramos habilitado la ley de emergencia. Es un despropósito”, admitió el propio Lifschitz.
La sanción de las dos leyes pone fin a dos semanas muy tensas en la política santafesina donde fracasó la posibilidad de lograr acuerdos y fue la pandemia la que catalizó decisiones. “Nos dicen obstruccionistas y estamos sesionando un martes, feriado, facilitando el quórum y el tratamiento sobre tablas” le hizo notar Lifschitz al gobierno provincial que viene desde diciembre reclamando la emergencia, rebautizada Necesidad Pública.
Fueron tensos los discursos. Por un lado, Leandro Busatto (PJ) se quejó de la falta de solidaridad de la política para darle herramientas al Poder Ejecutivo; por el otro, el radical Maximiliano Pullaro recordó todas las leyes que le votaron al mandatario, a quien le advirtió: “ahora, gobernador, no puede tirar la pelota fuera del arco. Póngase a gobernar”.
Al igual que la semana pasada, la sesión de Diputados contó con el mínimo personal de apoyo ante las medidas restrictivas del aislamiento. Sin la posibilidad de ingreso de la prensa ni de asesores. Apenas los legisladores, unos pocos taquígrafos, la secretaría parlamentaria y el equipo informático y de sonido.
La decisión de Labor Parlamentaria fue votar los dos proyectos y recién luego abrir lugar a las ponencias de cada sector político limitándolo al jefe de bloque. Es allí donde el turno del socialismo lo ocupó el propio Lifschitz quien cedió la presidencia de la sesión por algunos minutos a la justicialista Lucila De Ponti.


































