Natalia prosiguió: “Emocionada la nena fue a contarle a uno de los curas, nos empezamos a acercar, quedamos 20 de todos los que habían ido a la misa, y la vimos así, miramos y lloramos todos juntos al verla a ella como derramaba lágrimas. Lágrimas reales, nadie armó nada, esto es un milagro, un regalo de Dios. Soy bendecida de poder vivirlo y estar ahí. Nos acercamos y tocamos el manto y estaba mojado, como un pañuelo” y explicó también que “la experiencia nos dio paz a todos. Seguimos muy emocionados todavía. El sábado por la mañana los niños de Catecismo lo vieron también” finalizó entre sollozos esta vecina católica.