Sebastián es hipoacúsico oralizado, para entender lo que los demás dicen, tiene que mirarlos a la cara, lo que cotidianamente se dice “leer los labios”. En un aula, rodeado de compañeros oyentes, su aprendizaje ha sido un gran desafío. “Muchos no conocen la capa de invisibilidad del hipoacúsico. Había veces que no escuchaba y debía pedir apuntes o preguntar si el docente dijo algo importante, por si las dudas. Como profesor, el desafío es doble: aplico pautas de comunicación claras, momentos de pausa, precisión en las consignas y una escucha activa hacia los estudiantes”, explicó.