Ulrico Schmil, cronista de Pedro de Mendoza, los descubrió en 1567: “Así llegamos el primer día a cuatro leguas de camino a una nación que se llama Corondá; (también) viven de pescado y carne y son ellos (cerca) aproximadamente doce mil en gente adulta que se emplea para la guerra y andan iguales a los sobredichos Timbúes. También tienen dos estrellitas en ambos lados de la nariz; (también) son gentes garbosas en sus personas, pero las mujeres son feamente arañadas bajo los ojos y ensangrentadas, jóvenes y viejas; y sus partes están cubiertas con un paño hecho de algodón. (También) tienen estos indios mucho corambre sobado de las nutrias y tienen también muchísimas canoas o barquillas. (Y) ellos compartieron con nosotros su escasez de pescado y carne y corambre sobado y otras cosas más; nosotros también del mismo modo les dimos cuentas de vidrio, rosarios, espejos, peines, cuchillos y otro rescate más y quedamos con ellos durante dos días. (También) nos dieron dos indios de los Carios que eran sus cautivos para que nos enseñaran el camino y la causa de sus lenguas”.


































