Sarah Mulligan nació en Venado Tuerto, ciudad en la que vivió hasta los 17 años cuando decidió mudarse a Rosario para continuar sus estudios superiores. Por “mandato familiar” eligió abogacía, profesión que ejerció hasta el 2006, año en que decidió dar un giro de 360 grados -volver al punto de partida- para tomar otro camino y dedicarse a su verdadera pasión: la literatura infantil. La historia de Sarah demuestra que la vida ofrece segundas oportunidades y que siempre es un buen momento para perseguir sueños.



































