La inteligencia artificial generativa ya forma parte de la vida cotidiana de muchos chicos y adolescentes. Se utiliza para hacer tareas escolares, buscar información, resolver dudas y también para conversar sobre cuestiones personales.
Una investigación analizó a 39.761 estudiantes. Uno de cada cinco había recurrido a la inteligencia artificial para hablar sobre sus sentimientos o pedir consejos personales. Quienes lo hacían presentaban con mayor frecuencia indicadores de problemas emocionales clínicamente significativos.

La inteligencia artificial generativa ya forma parte de la vida cotidiana de muchos chicos y adolescentes. Se utiliza para hacer tareas escolares, buscar información, resolver dudas y también para conversar sobre cuestiones personales.
Un nuevo estudio puso el foco en esta última práctica y encontró una asociación entre el uso de chatbots como fuente de apoyo emocional y una mayor presencia de problemas emocionales entre estudiantes.
La investigación fue publicada en JAMA Pediatrics y se basó en datos de 39.761 estudiantes de cuarto grado a duodécimo grado de cuatro distritos escolares de Ontario, Canadá.
Las encuestas fueron realizadas entre mayo de 2025 y marzo de 2026 como parte del Ontario Health and Peer Relations Study, un proyecto de la Universidad de Ottawa que analiza distintos aspectos de la salud y las relaciones de los estudiantes.
De ese total, 8.408 estudiantes, el 21,1%, dijeron haber utilizado inteligencia artificial con fines emocionales. En concreto, se les preguntó si habían recurrido a un chatbot para recibir ayuda con sus sentimientos o consejos relacionados con amigos, padres u otras personas.
El dato que llamó la atención de los investigadores apareció al comparar ese grupo con quienes no utilizaban la IA para ese tipo de cuestiones.
Los resultados mostraron que los estudiantes que habían utilizado inteligencia artificial para obtener apoyo emocional presentaban puntuaciones más elevadas en indicadores de problemas emocionales.
En el análisis sin ajustes, el 57,7% de quienes habían recurrido a la IA con fines emocionales alcanzó el nivel considerado clínicamente significativo para problemas emocionales, frente al 29,2% entre quienes no habían utilizado los chatbots con ese objetivo. Es decir, la proporción fue prácticamente el doble.
El estudio utilizó escalas destinadas a evaluar problemas emocionales en niños y adolescentes y estableció un umbral clínico a partir de instrumentos validados. Los investigadores también tuvieron en cuenta diferentes características de los estudiantes para determinar si la relación observada podía explicarse por otros factores.
Después de ajustar el análisis por variables como edad, género, origen racial y étnico, grado escolar, soledad, sensación de sentirse valorado o importante para los demás y uso de inteligencia artificial para tareas escolares, los problemas emocionales clínicamente significativos continuaron siendo más frecuentes entre quienes utilizaban IA para recibir apoyo emocional. La investigación estimó una prevalencia 26% mayor en ese grupo.
Otro aspecto observado fue la relación entre el uso de IA para estudiar y el empleo de estas herramientas para cuestiones personales. Los estudiantes que utilizaban con mayor frecuencia la inteligencia artificial para hacer tareas escolares también tenían una mayor probabilidad de recurrir a ella para hablar de sus emociones o relaciones.
Esto no significa que utilizar un chatbot para estudiar provoque problemas emocionales. La investigación encontró una asociación entre ambas formas de uso, pero no estableció una relación causal.
El uso emocional tampoco estaba distribuido de la misma manera entre todos los grupos. Fue más frecuente entre estudiantes de mayor edad y entre niñas, jóvenes de género diverso y estudiantes pertenecientes a grupos raciales y étnicos distintos del grupo blanco, según los datos analizados.
El promedio de edad de los participantes fue de 12,8 años, y el 48,5% eran niñas. El estudio incluyó alumnos desde cuarto grado hasta el final de la escuela secundaria, lo que permitió observar el fenómeno en diferentes etapas de la infancia y la adolescencia.
Una de las principales aclaraciones de los investigadores es que los resultados no permiten afirmar que la inteligencia artificial sea la causa de los problemas de salud mental.
Se trata de un estudio transversal: los participantes respondieron las preguntas en un determinado momento y los investigadores analizaron la relación entre las distintas variables. Por esa razón, no es posible determinar qué ocurrió primero.
Puede suceder que un chico que ya atraviesa dificultades emocionales busque un chatbot porque está preocupado, solo o necesita alguien con quien hablar. Pero también es posible que determinadas formas de interacción frecuente con la inteligencia artificial tengan consecuencias sobre sus vínculos o su bienestar. La investigación actual no permite establecer cuál de esas posibilidades explica los resultados.
La propia conclusión del trabajo plantea que recurrir a la IA para obtener apoyo emocional puede funcionar como un indicador de malestar psicológico en niños y adolescentes. Los autores señalan que los marcos de atención clínica y los programas de alfabetización digital deberían diferenciar entre utilizar inteligencia artificial para tareas funcionales y utilizarla como refugio frente a necesidades emocionales.
Este punto es especialmente relevante porque los chatbots pueden estar disponibles en cualquier momento y ofrecen respuestas inmediatas. Para un adolescente que no sabe con quién hablar, esa disponibilidad puede convertirlos en una alternativa frente a la conversación con padres, docentes, amigos o profesionales.
Sin embargo, un chatbot no reemplaza una evaluación profesional ni puede asumir las responsabilidades de un psicólogo, psiquiatra u otro especialista de salud mental.
La investigación sobre estas herramientas en población infantil y adolescente todavía está en desarrollo y existen diferencias importantes entre los sistemas diseñados específicamente para intervenciones de salud y los chatbots generales disponibles para el público.
El proyecto del que surgieron los datos, además, no se limita a estudiar inteligencia artificial. El Health and Peer Relations Study analiza también salud mental, estrés, soledad, bienestar, relaciones entre pares, bullying, discriminación, uso de pantallas y redes sociales, actividad física, sueño y otros factores vinculados con el desarrollo de los estudiantes.
La investigación sobre IA y bienestar emocional continuará con nuevos datos. El objetivo será observar a los estudiantes a lo largo del tiempo y determinar si la utilización de chatbots para cuestiones emocionales se relaciona con cambios posteriores en su salud mental.
Por ahora, el principal resultado es un dato que merece atención: más de uno de cada cinco estudiantes consultados ya había utilizado un chatbot para hablar de sus sentimientos o pedir consejos personales, y ese comportamiento apareció asociado con una mayor frecuencia de problemas emocionales clínicamente significativos.
Los autores consideran que el hallazgo no debe interpretarse como una condena general al uso de inteligencia artificial. El desafío, según la investigación, consiste en entender por qué un niño o adolescente elige hablar con una máquina sobre lo que le pasa, qué tipo de respuestas recibe y qué lugar ocupa esa interacción frente a sus vínculos y fuentes de apoyo en el mundo real.





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