Los datos oficiales del reporte Santa Fe Cómo Vamos 2024, elaborado por la Municipalidad y la Bolsa de Comercio local, muestran un crecimiento significativo en las consultas por desnutrición infantil dentro del sistema público de salud.
El informe Santa Fe Cómo Vamos 2024 revela un fuerte incremento en las atenciones por desnutrición en niños y adolescentes en la ciudad. Con más del 60% de los casos clasificados como severos y una mayoría de pacientes atendidos en efectores públicos, la problemática expone el impacto de la inseguridad alimentaria y las tensiones del sistema de salud.

Los datos oficiales del reporte Santa Fe Cómo Vamos 2024, elaborado por la Municipalidad y la Bolsa de Comercio local, muestran un crecimiento significativo en las consultas por desnutrición infantil dentro del sistema público de salud.
El fenómeno no aparece de manera aislada: se inscribe en un contexto socioeconómico complejo, con altos niveles de inseguridad alimentaria y una creciente dependencia de los efectores públicos por parte de la población.
Durante 2024 se registraron 362 atenciones por consultas vinculadas a desnutrición en menores de 19 años en efectores públicos de la ciudad. Estas consultas correspondieron a 167 pacientes, lo que da cuenta de que una parte importante de los niños y adolescentes requirió más de una atención a lo largo del año.
El crecimiento es contundente: las atenciones aumentaron un 62,3% respecto de 2023, cuando se habían contabilizado 223. Si bien el informe aclara que en 2020 se produjo una caída de las consultas asociada al contexto de pandemia, la tendencia posterior es claramente ascendente y se consolida en el último año relevado.
Este incremento no solo refleja una mayor demanda sobre el sistema público de salud, sino también la persistencia —y en algunos casos profundización— de condiciones estructurales que afectan la alimentación y el desarrollo de niños y adolescentes en Santa Fe.
Uno de los datos más sensibles del informe es la gravedad de los cuadros atendidos. Del total de las consultas realizadas en 2024, el 60,8% correspondió a casos de desnutrición severa (proteicocalórica no especificada). Los casos moderados representaron el 33,1%, mientras que solo el 6,1% fueron clasificados como leves.
La distribución por edades muestra con claridad que la primera infancia es el grupo más vulnerable. Los niños y niñas de entre 1 y 4 años concentraron el 40,1% de los casos atendidos. A ellos se suman los menores de 1 año, que representaron el 17,4% de las consultas.
En conjunto, más de la mitad de los pacientes atendidos por desnutrición pertenecen a los primeros años de vida, una etapa clave para el desarrollo físico y cognitivo.
El resto de los casos se distribuyó entre niños de 5 a 9 años (22,2%), adolescentes de 10 a 14 años (17,9%) y jóvenes de 15 a 18 años (2,4%). Además, el informe señala una diferencia por género: el 62,3% de los pacientes atendidos fueron varones.
De los 167 pacientes registrados, el 59,3% recibió una única atención durante el año. Sin embargo, un dato que merece atención es que el 8,9% necesitó más de cuatro consultas, lo que sugiere situaciones de mayor complejidad o cuadros de desnutrición persistente que requieren seguimiento continuo.
La totalidad de estos datos surge de efectores públicos de salud, un aspecto central para comprender la magnitud del problema. Según el mismo informe, el 35,6% de la población del Aglomerado Gran Santa Fe se atiende exclusivamente en el sistema público, una proporción que viene en aumento en los últimos años.
Este crecimiento de la demanda tensiona la capacidad de respuesta del sistema y convierte a los hospitales y centros de salud públicos en la primera línea de detección y abordaje de la desnutrición infantil.
El reporte Santa Fe Cómo Vamos vincula de manera directa la desnutrición infantil con el contexto de inseguridad alimentaria que atraviesan muchos hogares de la ciudad. En Santa Fe, el 34,5% de los hogares presenta algún indicador de inseguridad alimentaria.
Más grave aún, en el 6,3% de los hogares se manifestó que un niño tuvo hambre durante el último año por falta de recursos económicos.
Estos datos permiten dimensionar que las consultas por desnutrición no responden únicamente a situaciones clínicas individuales, sino a un entramado social y económico que condiciona el acceso regular a alimentos suficientes y de calidad.
Si bien la nota central del informe no es la mortalidad, los indicadores de supervivencia infantil aparecen como un marco relevante. En 2024, la tasa de mortalidad en menores de cinco años en la ciudad se ubicó en 8,1 por cada 1.000 nacidos vivos.
De acuerdo con los criterios internacionales citados en el informe, tasas elevadas de mortalidad infantil suelen reflejar factores adversos en los primeros años de vida, entre ellos la desnutrición, considerada una causa reducible.




