El diagnóstico del Alzheimer ha dependido históricamente de métodos costosos, como tomografías por emisión de positrones (PET), o invasivos, como las punciones lumbares para analizar el líquido cefalorraquídeo.
Investigadores desarrollaron un método mínimamente invasivo que identifica proteínas clave en la nariz años antes de los primeros síntomas. El hallazgo promete revolucionar el diagnóstico temprano y el acceso a tratamientos preventivos.

El diagnóstico del Alzheimer ha dependido históricamente de métodos costosos, como tomografías por emisión de positrones (PET), o invasivos, como las punciones lumbares para analizar el líquido cefalorraquídeo.
Sin embargo, un nuevo estudio científico desarollado por un equipo de investigadores de la Universidad de Duke publicado en la revista Nature Communications esta semana marca un hito: la posibilidad de detectar la enfermedad mediante un hisopado nasal.
El procedimiento, similar al que se popularizó mundialmente durante la pandemia de COVID-19, busca identificar la presencia de proteínas beta-amiloide y tau, cuyos depósitos en el cerebro son los principales indicadores patológicos del Alzheimer.
Al encontrarse estas proteínas en el epitelio olfativo, el hisopado permite obtener una "ventana" directa al estado neurológico del paciente sin necesidad de intervenciones complejas.
Los ensayos clínicos demostraron que este test alcanza una precisión diagnóstica superior al 90%, logrando diferenciar a pacientes con deterioro cognitivo leve de aquellos con envejecimiento normal.
Lo más relevante para la comunidad médica es la capacidad del hisopado para hallar estos biomarcadores en etapas preclínicas, es decir, años antes de que aparezcan los fallos de memoria o la desorientación.
Esta herramienta no solo reduce los costos del sistema de salud, sino que democratiza el acceso al diagnóstico. "Poder realizar una detección en un consultorio de atención primaria cambiaría drásticamente el pronóstico de los pacientes, permitiendo iniciar terapias neuroprotectoras mucho antes", señalan los autores del estudio.
La relación entre el sentido del olfato y las enfermedades neurodegenerativas no es nueva; la pérdida de la capacidad de identificar olores suele ser uno de los signos más tempranos, aunque inespecíficos, del Alzheimer. La novedad reside en que ahora la ciencia puede extraer una muestra física de esa zona para confirmar la patología a nivel molecular.
Este avance no solo representa un logro técnico, sino un cambio de paradigma en la neurología preventiva.
Al permitir una detección precoz en entornos de atención primaria, el hisopado nasal abre la puerta a que los nuevos fármacos modificadores de la enfermedad —recientemente aprobados por organismos internacionales— se administren en la ventana de tiempo óptima, antes de que el daño neuronal sea irreversible.
En un contexto global donde la prevalencia de las demencias se encamina a duplicarse para mediados de siglo, contar con una herramienta diagnóstica de bajo costo, rápida y precisa es la pieza que faltaba para transformar el abordaje del Alzheimer de una medicina reactiva a una estrategia de intervención temprana y efectiva.




