Si bien Luca nació a las 36 semanas, pesó 2.800 kg, estaba en la habitación con sus padres y todo era muy lindo. Pero al otro día, cuando pasaron a realizar los controles se dieron cuenta de que estaba amarillito. "Los análisis le dieron la bilirrubina muy alta y decidieron llevarlo a la Neo (sector de Neonatología), aunque supuestamente era algo común y era algo de 48 horas para volvernos a casa. Cuando volvemos al sanatorio (de la ciudad de Rosario) para verlo, nos dicen que no podían alimentarlo ni tocarlo porque notaban algo raro: tenía el pecho muy oscuro y él tenía un color raro. Además estaba con luminoterapia por la bilirrubina. Pensaban que era algo metabólico de la leche, es decir, algo más simple. Lo sacan de la luz, porque había mejorado la bilirrubina, y lo siguen teniendo en ayuno. A los dos días, se le disparó nuevamente la bilirrubina y le ponen una luz más fuerte, pero al otro día apareció hinchado y ampollado por todo el cuerpo. Esto ocurría sin un diagnóstico, no sabían qué podía ser. Pasaron siete días, Luca comenzó a hacer orina roja y una doctora se dio cuenta de que las lastimaduras estaban en los lugares expuestos, no debajo del pañal ni la espalda. Entonces apareció la posibilidad de que fuera una porfiria. Cuando le realizan los análisis de porfirinas en sangre, materia fecal y orina, los valores eran elevadísimos", contó Fani.