Por José Luis Pagés
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Extraño y preocupante es el cuadro social que salió a luz en el barrio Santo Domingo, con motivo de la denuncia presentada en la subcomisaría 12a. por Juan Kulak, un hombre de 33 años que refirió la desaparición forzada de su compañera y dos hijos de corta edad.
A comienzos de la semana pasada, el vecino de calle Pavón al 6300 contó en sede policial que encontró la casa vacía al regresar de La Rioja, provincia a la cual viajó a raíz del velatorio de uno de sus hermanos.
Entonces Kulak presentó un pedido de paradero de su compañera Andrea Soledad Beltrame (27), quien habría sido llevada junto a los niños por un individuo que hace de la explotación de las mujeres su medio de vida.
Kulak, quien no hizo mención a una niña de nueve años que formaba en su mismo grupo de familia y cuyo paradero es un interrogante abierto desde el mes de mayo, acudió nuevamente a la policía para decir que había hecho contacto telefónico con “Sole”, como el vecindario conoce a su compañera.
Pero el hombre agregó, en su nueva presentación, que en los diálogos que mantuvo con “Sole”, ella le dijo que estaba en algún lugar de Buenos Aires junto a los niños y no contra su voluntad como él imaginaba; no obstante a esas conversaciones les siguieron otras en las cuales un individuo se ofreció a matarlo personalmente si insistía con sus llamadas.
Kulak acudió entonces a la policía y dio cuenta del contacto establecido y de los dichos de ella, quien le habría asegurado que en un par de semanas estaría de vuelta con los niños de 3 y 5 años, Juan y Shirley. Finalmente el mismo Kulak denunció las graves amenazas contra su vida.
No es ésta la primera vez que “Sole” Beltrame, quien tiene 27 años, se va de su casa junto a los niños. La última vez que desapareció con los tres fue por el mes de mayo. Luego regresó acompañada sólo por dos de ellos, ya que la mayor habría quedado en Córdoba.
Esa tercera niña tiene nueve años; se llama Brisa y ya tiene un corazón grabado -recuerdan los pibes del barrio- en el brazo derecho. Su mamá, quien tiene la espalda cubierta por un enorme tatuaje de San La Muerte, además de otros menores que adornan cuello, brazos y piernas con vampiros, alacranes, tigres y calaveras, explicó a sus vecinos que dejó la niña en Córdoba, al cuidado de su familia.
Todo esto hace de la presente historia un caso extravagante; pero según las fuentes consultadas no reúne las condiciones requeridas para configurar un asunto que se pueda encuadrar en la “trata de personas”. Para ello se debería acreditar la captación de la víctima, su traslado forzado y su alojamiento en condiciones que atenten contra su libertad, además del ejercicio de la prostitución.
Sin embargo, más allá de la sospecha referida por Kulak, las amenazas de muerte dirigidas a su persona y los dichos de su compañera “Sole”, cabe una pregunta acerca de la suerte corrida por los niños, ya que con sólo pensar en el destino dudoso de la mayor, Brisa, algo de todo lo referido parece orillar en el delito.
Por lo que pudimos saber, la niña que la denuncia de Kulak omite -Brisa- no lleva su apellido y tampoco el de su madre. Brisa, quien tiene un tatuaje visible en uno de sus brazos, cambió -en los papeles- el establecimiento escolar al que concurría por otro de la zona oeste.
La mamá de Brisa, “Sole”, pidió el pase de la niña -de nueve años- para una escuela del barrio San Agustín y eso le fue concedido. Algunas personas recuerdan a Brisa, porque a veces aparecía con extrañas quemaduras en su cuerpo.
Por el momento, Juan Kulak presentó sus denuncias en la Subcomisaría 12a. del barrio Los Troncos y esa dependencia de la Unidad Regional I es la encargada de instruir las actuaciones sumarias -ahora también por amenazas- que oportunamente serán elevadas a la Justicia.

































