El individuo era intensamente buscado en dos momentos: primero, luego de un llamado anónimo y del envío de videos en junio a las fuerzas de seguridad, en el cual indicaban que había un narco en particular que era amparado por policías de la Brigada Antinarcóticos y, segundo, luego de un allanamiento en Castelli al 4300 en Santa Fe, en julio, tras una denuncia por violencia de género que una mujer radicó contra quien era su pareja. Es que no solamente lo acusó de golpeador, sino que facilitó pruebas acerca de que el individuo era narcotraficante. Esa evidencia consistió en una pistola, un fusil, unos 500 proyectiles, dos miras telescópicas, cocaína y marihuana, dos balanzas y dinero en efectivo.