Han pasado tres décadas, pero en Recreo todavía hay quienes recuerdan con nitidez la sirena que rompió el silencio de la calurosa tarde del 12 de diciembre de 1995. En aquella jornada Marcelo “Chajá” Ferreyra —prófugo de la cárcel de Las Flores— irrumpió en una vivienda familiar y desató una violencia incomprensible: asesinó a una madre y a sus cuatro hijos pequeños.


































