No hay margen para hablar de objetivos, ni de prioridades ni nada de lo que habitualmente se habla cuando se inicia una doble o triple competencia. Colón, con estos resultados que sucedieron a la derrota del viernes en Mar del Plata, corre el riesgo de quedar en el último lugar de la tabla si pierde con San Lorenzo. Nada ni nadie hacía suponer esta magra realidad, en un año para el olvido, con cinco entrenadores, con un plantel golpeado desde todo punto de vista, con cinco jugadores que son potables titulares y que no podrán jugar ante Deportivo Municipal y con las dudas lógicas que plantea una realidad indisimulable. Cuando a las 21.30 (hora peruana) del domingo, el plantel pisó suelo limeño, el choque con una realidad muy negativa era el único semblante que se percibía. Siempre se dice que, en las malas, es cuando realmente se nota de qué “madera” es el plantel. Lavallén insistió mucho en que vé un grupo de jugadores que se sienten golpeados y que por eso tiene que levantarlos anímicamente. Ya hubo una rebelión ante la adversidad y se dio frente a Racing. Duró eso, nada más. El viernes pasado, Colón volvió a ser el equipo sin reacción que preocupa.
































