Como el apellido, el abuelo se lo transmitió al hijo y el hijo al nieto. Hoy, muchos de esos nietos elevan su vista al cielo para acordarse de ese abuelo y quizás también de ese padre y le dicen “¡Gracias por haberme hecho de Colón!”. Fue el mejor legado, porque como ya se dijo hasta el hartazgo: se puede cambiar de todo, menos del cuadro que es hincha. Eso es innegociable, es un amor eterno como el que se tiene por la madre, no hay nada más que lo pueda superar.


































