Hay enojos que son momentáneos y otros que tardan en sanar. No cicatrizan con rapidez. El del domingo en Santiago del Estero pertenece a estos últimos. Y se focaliza, sobre todo, en Iván Delfino. Todavía debe lamentarse el entrenador de Colón ese empate con sabor a derrota. Y seguirá sin entender algunas cosas que pasaron en un segundo tiempo que dejó marcas, secuelas sobre las que Delfino se fundamentará para hablar seriamente con sus jugadores.



































