Los jugadores por un lado, Gorosito por el otro y los dirigentes por otro. Todos se fueron separados del estadio de Arsenal, posiblemente ya con la convicción de que el ciclo estaba cumplido. A las pocas horas de haber terminado el muy mal partido que jugó Colón en Sarandí, los rumores sobre la discontinuidad del trabajo del entrenador se fueron haciendo cada vez más fuertes. Restaba "madurar" la salida. Mientras tanto, se sucedían algunos llamados telefónicos, contactos con entrenadores y rueda de consultas. "¿Qué hacemos?, ¿salimos con este entrenador el próximo partido?, ¿descomprimimos cambiando ya?, ¿querrá venir alguno a agarrar este fierro caliente de cuatro partidos, como lo hizo Merlo cuando Colón buscaba el ascenso en el 2014?", eran las preguntas recurrentes de los dirigentes.

































