De la Redacción de El Litoral
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En Italia, el Vesubio. En Indonesia, el Krakatoa. El Monte Fuji en Japón. Y en Argentina, Colón, un volcán que entró en erupción desde Santa Fe hace algunos días y no para de dañar con su lava. Y aunque lo que más duele es el equipo, si uno compara la periferia del Mundo Colón, increíblemente a lo que hay que prenderle velas es a los once nombres que pondrá Marito Sciacqua para intentar sumar algo frente a Vélez desde las cinco de la tarde de mañana en el Cementerio de los Elefantes. Es cierto que hace once partidos que no gana. Es cierto que el grupo está dañado por todo lo que pasa. Y es cierto que enfrente Vélez intentará hacer lo suyo para llegar con vida a lo que puede ser una infartante última fecha del fútbol argentino (casualmente, los de Liniers están a cuatro de San Lorenzo y juegan en la última fecha con el equipo de Pizzi).
Todo lo que pasó desde el frustrado choque con Rafaela hasta acá es una película de terror que parece no tener final. Desde la repudiable violencia, pasando por las renuncias de varios dirigentes, el llamado urgente a elecciones, el armado-delibery de una cantidad sorprendente de listas considerando lo caótico del panorama, las rescisiones de algunos contratos, el desalojo de varios jugadores por falta de pago, la queja permanente de los profesionales por los haberes y los manotazos desesperados de Moncagatta con su gente para intentar frenar que a los problemas se sigan sumando problemas hasta el momento del traspaso en la conducción.
Así vive Colón por estas horas: en erupción y con la lava arrasando todo lo que encuentra a su paso sin importarle nada. Desde México, el Atlante reclamando plata en FIFA. Desde Rafaela, Atlético reclamando puntos en AFA. Y en Santa Fe, todos reclamando de todo un poco.
Entonces, todo es confusión. Desde Urribarri que dice que no cobraron nada hasta Ramírez que dice que se va porque no puede aguantar más. En el medio de la nada, está Colón: un técnico, un equipo, once jugadores, una planilla de AFA que debe completarse para salir a jugar por los puntos y una proyección deportiva que —de no modificarse rápidamente— conduce a ese lugar donde nadie quiere ir con apenas 2 puntos de 33.
Parece mentira haber llegado donde se llegó en Colón, un verdadero volcán en erupción que lastima a miles y miles de corazones futboleros con el avance dañino de su lava. Hay que parar la mano como sea. Empezar con la receta de sumar en la cancha es una buena medicación para arrancar.



































