Claramente, Pablo Lavallén quería desahogarse. Daba la impresión de que estaba esperando algo, una palabra, una pregunta, un momento para poder decir todo lo que quería decir, que no era poco. Se nota que algo lo había tocado durante la semana. Inclusive, el presagio lo dio el propio presidente Vignatti (que festejó con mucha efervecencia la victoria y se la “dedicó” a Unión), cuando hizo declaraciones y señaló que “un par de periodistas me mandó mensajes para que echara a Lavallén y eso me pareció una falta de respeto total”. Lavallén debe haber absorbido todo eso y no dudó en estallar.






























