Cuando Eduardo Rodrigo Domínguez dijo no va más en ese final de año luego de la derrota contra River Plate en Santiago del Estero, los dos históricos dirigentes sabaleros (José Néstor Vignatti como presidente y Patricio Fleming como incondicional delfín) pensaron al mismo tiempo en un nombre que estaba parado en ese volcán llamado Boca Juniors: Sebastián Battaglia. A los pocos días, Riquelme lo confirmó y el sueño quedó en la almohada.



































