Colón es Colón. La frase, repetida hasta el infinito por el pueblo sabalero, cobra sentido cada vez que un hincha rojinegro pisa cualquier lugar del país o del mundo y descubre que la pasión no tiene límites geográficos.
Javier Sacks viajó a Buenos Aires con la camiseta del Colón campeón y terminó protagonizando una experiencia tan emotiva como inesperada. Entre saludos, frases de aliento y encuentros con hinchas de otros clubes que también sienten respeto por el Sabalero, la historia reafirma que la pasión rojinegra trasciende fronteras y generaciones.

Colón es Colón. La frase, repetida hasta el infinito por el pueblo sabalero, cobra sentido cada vez que un hincha rojinegro pisa cualquier lugar del país o del mundo y descubre que la pasión no tiene límites geográficos.
La historia que vivió Javier Sacks durante un paseo por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es una muestra clara de ese fenómeno que mezcla identidad, pertenencia y emoción.
El viaje tenía destino turístico. Un recorrido clásico por La Boca, el barrio cargado de historia futbolera, y una caminata por Caminito, uno de los puntos más visitados por turistas argentinos y extranjeros.
Pero lo que parecía ser una jornada más, terminó convirtiéndose en una experiencia inolvidable para este hincha sabalero que decidió recorrer las calles porteñas con la camiseta del Colón campeón, esa que representa la estrella más soñada y celebrada por la institución santafesina.
A más de 500 kilómetros de Santa Fe, Javier empezó a notar algo que rápidamente lo emocionó. Personas desconocidas comenzaron a reaccionar ante su camiseta. Saludaban, gritaban frases de aliento y hasta compartían recuerdos ligados al club. En cuestión de horas, contabilizó más de 20 muestras de cariño hacia Colón.
“Aguante el Sabalero”, “van a volver porque son grandes”, “aguante el Bichi” o “aguante el Pulga” fueron algunas de las frases que escuchó repetidas veces. Cada una de ellas cargada de historia, de ídolos y de momentos que quedaron marcados en la memoria colectiva del hincha rojinegro.
Uno de los momentos más impactantes para Javier ocurrió cuando un joven, de no más de 18 años, se acercó, lo frenó y le estrechó la mano. Sin dudar, le dijo: “Quilmes y Colón, un solo corazón”. La sorpresa fue inmediata. El chico llevaba puesta una camiseta de San Martín de Tucumán, lo que generó confusión en el santafesino.
Pero la escena todavía guardaba más emoción. El joven levantó su remera y le mostró un tatuaje del escudo de Quilmes en el pecho, justo a la altura del corazón. La frase entonces cobró otro sentido: el respeto por clubes con historia, por instituciones con identidad popular, por equipos que representan barrios, ciudades y culturas futboleras profundas.
Ese instante quedó grabado en la memoria de Javier como uno de esos momentos que explican por qué el fútbol argentino trasciende la lógica de las rivalidades y muchas veces se transforma en un punto de encuentro entre historias y pasiones.
Otra escena que lo marcó ocurrió con un hombre de unos 50 años que también lo detuvo en plena caminata. Tras saludarlo, le dijo con entusiasmo: “Qué grande el Sabalero, aguante el Bichi”. Javier, todavía sorprendido por la situación, le preguntó si era santafesino. La respuesta fue clara: “No, soy de Lanús”.
La historia no terminó ahí. El hombre, que estaba acompañado por su hijo adolescente, le pidió que le mostrara algo. El chico sacó del bolsillo unas llaves y de ellas colgaba un llavero con el escudo de Colón. Un detalle pequeño, pero cargado de significado. Una prueba más de que el club santafesino supo ganarse respeto y admiración en distintos puntos del país.
La emoción de Javier fue inmediata. Él mismo lo describe con humor: “Tenía el pecho inflado como Johny Bravo”. Pero detrás de la broma aparece la esencia del sentimiento sabalero: el orgullo.
Porque la estrella conseguida por Colón no solo representa un título. Representa años de lucha, de identidad barrial, de fidelidad incondicional y de una hinchada que acompañó siempre, en las buenas y en las malas.
El pueblo sabalero lleva con orgullo su camiseta de campeón. La luce como una bandera. Como un símbolo de pertenencia. Como una forma de decirle al mundo que esa estrella va a brillar para siempre.
Historias como la de Javier reflejan algo que los hinchas de Colón repiten desde hace generaciones: ser sabalero no se explica, se siente. Es una pasión que se lleva en el corazón y que aparece en los momentos menos pensados, en las calles de otra ciudad, en el saludo de un desconocido o en un simple objeto que alguien decide llevar consigo.
La camiseta rojinegra, entonces, deja de ser solo una prenda. Se transforma en un puente. En una señal de identidad. En una forma de reconocerse entre iguales aunque no haya palabras de por medio.
Javier Sacks es apenas un hincha más dentro del universo sabalero. Pero su historia representa a miles. A los que viajan con la camiseta en la valija. A los que viven lejos de Santa Fe pero siguen cada partido. A los que transmiten el amor por Colón de generación en generación.
Porque Colón no entiende de distancias. Colón es barrio, es pueblo, es historia y es pasión. Y donde haya un sabalero, siempre habrá otro dispuesto a abrazarlo en nombre de esos colores rojo y negro que, para muchos, no son solo fútbol: son parte de la vida.




