Es la gran duda. Posiblemente no lo sea para el entrenador (o sí, no se sabe), pero lo es para la gente. Ignacio Chicco atraviesa su momento de fragilidad después de haber sustituido con eficacia y probidad a un arquero indiscutido como era “Cachorro” Burián. Desde junio del año pasado, el arco sabalero no tuvo dudas ni fisuras. Y por primera vez desde la aparición en Primera de José Luis Erni, allá por fines de los 70 y principios de los 80, Colón por fin le da continuidad a un arquero surgido de las inferiores del club, depositando en él una confianza que no tuvieron otros durante todo este tiempo. Inclusive, aquellos que, como Marcos Díaz, luego triunfaron, pero en otras instituciones.




































