Tenía 92 años y se dio un gran gusto en vida: verlo campeón a su querido Colón. Pablo Gigliotti fue un colonista de ley, un hombre íntegro que le puso el pecho al club en tiempos durísimos, cuando el dinero escaseaba y era necesaria la creatividad y el esfuerzo de los dirigentes por sostener a la institución. Fue tesorero de Italo Giménez y sus anécdotas de situaciones vividas lo convertían en un hombre que podía contar historias increíbles y típicas de aquéllos tiempos.




































