“Borom bom bom, borom bom bom, es el equipo, del Cabezón”, rugía en ese 15 de Abril lleno siempre. Carlos Trullet había encontrado la frase justa para definirlo: “Es una revolución social”. Por los pibes que formaban parte del equipo, porque eran todos chicos de Unión, porque él era de Unión, porque la gente se identificó a pleno, porque el club estaba muy mal y había que ponerle el pecho, porque no había jugadores, ni luz ni agua, porque Colón había ascendido y Unión se había quedado en la B, porque llegaron jugadores de nombre que hicieron poco y nada, entre ellos Marchi y Amodeo. Porque la gente entendió que debía ser protagonista de una hora clave e histórica y produjo hechos realmente increíbles, sorpresivos y hasta inentendibles, como el de llenar la cancha un sábado a la tardecita, en un partido televisado (si la memoria no falla, contra los tucumanos de Atlético), cuando el equipo estaba bien de mitad de tabla para abajo, colmar el cielo de fuegos artificiales y una euforia descontrolada y fuera de contexto para lo que en ese momento se estaba viviendo a nivel deportivo, todavía lejos hasta de la zona de clasificación para el octogonal final.
































