"Todavía no puedo creer el lugar en el que estuve", reconoce. Diego González vive su sueño, ese que arrancó a los 13 años, cuando dejó su barrio, Villa Río Negro, de Resistencia, para irse a vivir solo a la pensión de Unión. Con tan solo 19 pirulitos, Chaco -como lo apodaron los pibes del club- firmó su primer contrato a fines de mayo, y días después fue sparring de la Selección que dio la vuelta en la "Finalissima". En un abrir y cerrar de ojos, aunque con llantos en el medio, el arquero pasó de la Liga Chaqueña a entrenar con Messi y compañía. "Fue una experiencia inolvidable, me va a quedar para toda la vida", le dijo a Olé. Y ahora sueña con el Mundial, aunque antes quiere cumplir otro objetivo: debutar en Primera en el Tatengue.




































