Tenía que llamarse Diego Armando. Algo del más allá iluminó a ese pibe que llegó con todas sus ganas de Chaco, a los 23 años, para jugar por primera vez de manera profesional y convertir un gol en la última jugada del partido, para darle a Unión una de las victorias más trascendentes de su historia. Por la envergadura del rival y por la manera en que se ganó.

































