En medio del vértigo que implica dirigir en la Copa de la Liga Profesional, Alfredo Berti se permite hacer una pausa. Desde su casa en algún lugar de la ciudad de Mendoza, el DT habla con orgullo de su familia, de su nieta recién nacida, y también de este Independiente Rivadavia que no deja de dar pasos firmes bajo su conducción. "Soy un hombre familiero", repite con ternura, mientras repasa un año que marcó un antes y un después en la historia reciente del club.


































