De los 4,5 millones de dólares invertidos, la mitad se gastó en comprar a Estigarribia y a Colazo. El primero, con orfandad de gol casi absoluta; el segundo, ni siquiera integrando el banco de suplentes. Y llegaron jugadores que gravitaron muy poco y no se amoldaron al ritmo del fútbol argentino, como Franco Fragapane. Entre los tres mencionados, se llevaron buena parte de la inversión, sin ningún resultado. Y a eso deben sumarse Arturia (no jugó un solo minuto), Angulo (más partidos afuera que a disposición), Palacios (generalmente suplente hasta que logró notoriedad en los últimos partidos), Tagliamonte, Ham (discreto desempeño) y Diego Díaz (el que despertó mayores expectativas por su pasado humilde y amateur, pero al que naturalmente le está faltando más roce con el enmarañado fútbol profesional).