La mayoría de quienes cometen actos de abuso sexual infantil son varones adultos. Integran el entorno cercano y están en el círculo de confianza —familiar o institucional— de las víctimas, que en su mayor porcentaje son niñas. Así se cae el mito de que el abusador es un “sujeto anónimo”. La violencia sexual contra una niña o un niño no es una problemática sociocultural exclusiva de un grupo específico (hay una creencia errónea de que los casos se dan en contextos de vulnerabilidad social). Entonces, el problema es transversal y está tanto en las clases bajas como en las pudientes: aquí, otro mito se resquebraja.



































