En 1891 en la ciudad se prohibió que dos personas se bañen juntas o se digan palabras obscenas bajo pena de prisión o multa. Cuatro años después, se prohibieron los juegos con barriletes, incluso en casas particulares. También se estableció que la Municipalidad debía registrar a todos los perros de la ciudad y que los que no contaran con la identificación oficial serían envenenados. Otra norma prohibió cabalgar dentro del ejido urbano y definió la cantidad de caballos que podía utilizar el tranvía.

































