El sábalo que navega el río Salado es mucho más que un pez: es alimento, sustento económico y parte de la identidad ribereña santafesina. Sin embargo, un reciente estudio científico encendió una alarma sobre los riesgos ocultos que implica su consumo. Investigadores de la Universidad Nacional del Litoral y del CONICET detectaron en ejemplares capturados en el tramo inferior del río concentraciones de plaguicidas que figuran entre las más altas registradas a nivel mundial.



































