Dylan Salas empieza dale que dale a pedalear. En la rueda trasera de su bicicleta montó una estructura de hierro para dejar fijo el rodado, y así hacer trabajar por tracción cíclica a la piedra, que está en otra estructura, cerca del manubrio. Colgado, un bolsito de cuerina color marrón con algunos utensilios imprescindibles, como una chaira. Habla y lo que se escucha es acero y piedra al rozar, de izquierda a derecha y viceversa, lentamente. La historia relata curiosas épicas de afiladores ambulantes gallegos en el siglo XVII: y sí, vale decir que el oficio del afilador es muy antiguo.




































