En cuestión de minutos, hacen su aparición los otros dos submarinos y, bajo la atónita mirada de los santafesinos, realizaban maniobras de acercamiento. “Los tres alineados paralelamente al desembarcadero, reciben el homenaje de una multitud densa, apretada, que los contempla desde la explanada y los diques vecinos. Allí está todo Santa Fe”, describió El Litoral en 1933. Marinos y la policía desplegaron un estricto operativo de control para contener a esa masa de gente que estaba ávida de conocer a los visitantes. En el lugar, una compañía del Regimiento 12 esperaba a los huéspedes de honor con música, melodías que se sumaban al fervor popular. Minutos más tarde, se realizó una breve bienvenida con autoridades militares, del puerto y de la Comisión de Agasajos; luego fueron hacia la Casa de Gobierno, donde continuaron con las actividades protocolares. La noche se cerró con una fiesta en los salones del Jockey Club.