“Siento una ‘cosita’ de tristeza acá en el pecho”. “No veo la hora de que pasen estas fiestas”. “No quiero tener que mostrar ‘cara de póker’ en la cena delante de mi primo hermano, con el que me llevo mal desde hace años”. Quién no escuchó estas frases en las vísperas de Navidad o Año Nuevo: ocurre que las fiestas hacen aflorar sentimientos diversos, quizás con más fuerza que en otras fechas del año: el recuerdo de las pérdidas y de los seres queridos que no estarán en la mesa, y los “balances anuales” que se inclinan siempre por mirar el vaso medio vacío.



































