Ahí está, resistiendo el paso del tiempo. Firme en su postura de torazo en rodeo propio y ajeno, algo oxidado, los ojos bravos mirando hacia abajo.”Brújula” de ubicación para quienes venían del interior al Mercado de Abasto, o de aquellos estudiantes que llegaban del norte profundo de la bota a la facultad y que, antes del GPS, entendían que si ahí estaba la escultura, estaban entrando a la gran capital.



































