La tarde del 13 de marzo de 2013, una multitud esperaba en la Plaza San Pedro de Roma el anuncio del nuevo papa tras la renuncia de Benedicto XVI anunciada el 28 de febrero anterior. Cuando la fumata blanca apareció en la chimenea del Vaticano, los fieles pudieron saber el nombre del religioso que continuaría al frente de la Santa Sede. Se trataba de un argentino, de apellido Bergoglio, que tomaría el nombre de Francisco.


































