La secuencia fotográfica es elocuente, dura, triste. Todo sucede durante la mañana de este lunes 6 de mayo. Un pescador artesanal a bordo de su canoa tira una malla al río Salado y lo atraviesa, de orilla a orilla. Impide el paso de los peces que lo habitan, que lo navegan. Los atrapa. Depreda el río. Ese hilo de agua que muchas veces crece y es poderoso. El mismo que en 2003 provocó la peor tragedia de la ciudad de Santa Fe, la inundación que arrasó con un tercio de la ciudad. La pesca con malla es una práctica ilegal, furtiva, cuando se corta el río de orilla a orilla. Pero lamentablemente es habitual. Casi naturalizada.


































