Acaso como nuestros antepasados que viajaron desde Europa a fines del siglo XIX hasta las Américas buscando un futuro mejor, las golondrinas dejaron Santa Fe, una de sus ciudades predilectas, en un éxodo migratorio que tiene mucho de relato bíblico. Para ellas, irse o quedarse no es una opción: viajan para sobrevivir, pues necesitan de ambientes cálidos para anidar y reproducirse. Volverán en noviembre y diciembre.

































