Cuando Teseo se enfrentó al Minotauro dentro del laberinto, en el mítico relato griego, sabía que tenía frente a sí a su principal escollo. Pero lo más desesperante para el héroe era saber que la bestia que tenía delante no era su único problema. Si lograba derrotar al Minotauro, todavía debía encontrar la salida. Los laberintos tienen eso: representan un problema en sí mismo, tengan o no un Minotauro dentro.






























