Henri Rousseau, pintor autodidacta que transformó la percepción del arte de su tiempo, nació el 21 de mayo de 1844, hace justo 180 años. Más de una vez fue descrito como un artista ingenuo, pero su obra está movilizada por la pura creatividad y la pasión. El especialista Miguel Calvo Santos valora esta arista. En su visión, la ingenuidad de Rousseau acabó siendo precisamente una de sus más poderosas virtudes. “No tenía formación, no era en absoluto un virtuoso, la gente listilla de la época se reía de él por sus evidentes carencias en cuanto a chorradas como proporción o perspectiva, pero esto se acabó traduciendo en frescura y espontaneidad, y sobre todo en una de las cosas más importantes en el arte: honestidad”.
































