“En mi pintura no hay ritmos galopantes ni atropellados. Yo podía estar un día entero pintando una esfera”. El que lo dice es Miguel Caride, pintor argentino. El contexto: una entrevista que concedió al diario La Nación de Buenos Aires en 2005, cuando tenía 85 años. Faltaba todavía un lustro para su muerte, que se produjo en mayo de 2010, pero este hombre, que había abrazado las artes plásticas como una tarea para el tiempo libre que le dejaba su labor como metalúrgico, ya comenzaba a trazar sus balances. Tal vez intuía el final.

































