Hay obras que, por un conjunto de circunstancias, trascienden la materialidad en la cual fueron concebidas para entrar en esa categoría inasible de “ícono cultural”, muchas veces incluso dejando a su propio creador relegado a cierto nivel de olvido. La pintura “El grito” es un ejemplo: es posible que muchos reconozcan la imagen atormentada y desgarradora que en la misma se despliega sin necesariamente asociarla con el genio creativo detrás de ella: Edvard Munch, el pintor noruego que falleció hace justo 80 años, el 23 de enero de 1944.

































